Texto de Zabalza y respuesta de “Amodio Pérez”

CALPU ::
24.May.13 :: Noticias

Uno de los mayores traidores de los Tupamaros, Héctor Amodio Pérez, presuntamente reaparece con su versión de los hechos que causaron encarcelamientos, tortura y muertes



En memoria de los que murieron luchando

Jorge Zabalza. 14 de abril de 2013

Brecha me llamó para opinar sobre la ahora “famosa” carta posiblemente escrita por Héctor Amodio Pérez. La analicé con atención y saqué varias conclusiones. Mi primera sorpresa fue la confesión. Sea quien fuere el que escribió la carta, en ella cuenta cómo Amodio despertó en la enfermería del Batallón de Infantería número 1 luego de haber ingerido una sobredosis de Valium 10 –para mí un simulacro de suicidio, porque bien sabía que el “pastillazo” no era mortal–. Al despertar se encontró cara a cara con el teniente Armando Méndez, con quien llegaron a un “acuerdo”: Alicia Rey Morales y Amodio “ordenaron” las carpetas y archivos del OCOA a cambio de ser dejados en libertad. Entre éstos estaban los cuantiosos e invalorables “aportes” realizados por otro traidor, el “Tino” Pírez Budes.

“Ordenar” significó sistematizar los datos, hacer el trabajo de inteligencia que sirvió de base para perseguir y allanar, torturar y violar, asesinar y desaparecer. De esa manera, vendiendo a miles de militantes, Rey Morales y Amodio Pérez se transformaron en criminales de lesa humanidad y salieron en libertad. Hasta el momento la traición estaba documentada con los testimonios de sus víctimas, pero en esta carta se relata el proceso de la traición. El “pacto” Méndez-Amodio sólo era conocido por ellos dos y algunos cómplices que se callaron la boca. Es la primera vez que sale a la luz.

Si la carta es auténtica, el autor está confesando su complicidad en crímenes de lesa humanidad; si la carta no es de Amodio, sus autores lo mandan en cana. A mi entender, es una revelación muy importante, un insumo para los historiadores: ahora se sabe cómo se consumó la traición. Amodio podía haber optado por el mismo camino que siguieron Pedro Lerena, Edison Marín, Juan Facchinelli, Nelson Berreta, Gerardo Alter y Walter Arteche, que se hicieron matar en la tortura. Pero no, Amodio eligió el camino de las treinta monedas, el de condenar a sus compañeras y compañeros a la muerte y la tortura.

El otro dato importante: en la carta se dice que el propósito de Amodio es reciclarse. Personalmente creo que, a los 75 años de vida, el tipo se cansó de vivir perseguido, quiere presentarse públicamente y participar del proceso político uruguayo. El “Charleta” Guldenzoph, responsable de la caída de medio Partido Comunista, es un próspero empresario; el Tino Pírez Budes, que entregó a toda la columna del Interior del mln, es asesor del Partido Colorado; los criminales que residen en la cárcel vip de Domingo Arena han sido prácticamente perdonados por el presidente Mujica. Por consiguiente, Héctor Amodio Pérez debe sentirse injustamente discriminado, no quiere ser el único traidor obligado a vivir en la clandestinidad, desea participar de los beneficios que brinda este paraíso de la impunidad a todos estos asesinos y traidores.

Según dice la misiva que llegó a Brecha, el padre y los amigos de Amodio le aconsejaban que se mantuviera lejos de las luminarias, pero ahora que el padre murió y sus amigos están cansados de las rencillas internas del Frente Amplio, Amodio se siente en condiciones de hacer lo que se le antoje. Sean los “servicios” o sea el traidor, el autor de la carta quiere reinsertar a Amodio en la vida pública, su intencionalidad ulterior es institucionalizar la traición en el sistema político, inducir a que se acepte la traición como una actitud éticamente legítima, que de antemano los traidores sepan que serán perdonados por la opinión pública, que se instale la idea de que traicionar es una opción sin castigo.

Creo que esta carta, escrita por no se sabe quién todavía, es un primer paso de una operación de inteligencia. Llegarán nuevos mensajes a través de una u otra vía. Frente a esta maniobra de Amodio o de los “servicios” o de ambos en acuerdo, lo responsable es darla a conocer. Por supuesto, contextualizando y evaluando intencionalidades y posibles desarrollos, pero entendiendo que los lectores poseen amplias capacidades intelectuales para informarse y juzgar por sí mismos. De todas maneras no soy periodista sino un luchador, aprendí que el secretismo es un instrumento maldito, que educa en la aceptación de que unos pocos decidan por las mayorías. Entiendo que todos tienen derecho a informarse y ser informados y que la publicidad es la única manera de frenar este vulgar operativo, venga de donde venga la carta. Los misterios crean pasividad y despolitizan, creo que se debe confiar en el sentido común y la sabiduría de la gente y apostar al desarrollo de su sentido crítico. Por eso escribo estas líneas, a la espera de que la famosa carta sea dada a conocer por quienes fueron sus destinatarios.

Una digresión final: la carta aprovecha para enchastrar al movimiento tupamaro. Se cuenta que todos los demás miembros de la dirección, con Raúl Sendic y Fernández a la cabeza, conspiraron contra el mln-t, y que Amodio, con el único apoyo de Alicia Rey Morales, intentó salvar la revolución guerrillera de la derrota, él solito. Todos contra él. Por algo sería, ¿no? Miente descaradamente para enchastrar a Adolfo Wassen, de cuya consecuencia y heroicidad en los calabozos cuarteleros somos testigos. Por más cartas y libros que escriba para justificarse, Amodio seguirá siendo un traidor. Yo no lo perdono.

¡Arriba los que luchan!


Respuesta de “Héctor Amodio Pérez”

23-05-2013

El pasado 20 de abril pude leer en Brecha un escrito de Jorge Zabalza, titulado ‘En memoria de los que murieron luchando’, en el que pretende desvalorizar lo que dije en mi carta del 19 de marzo.

Pese a que por lo menos desde 1995 dice ser un defensor de la verdad y que en su pretendida respuesta dice que “el secretismo es un instrumento maldito, que educa en la aceptación de que unos pocos decidan por las mayorías”, primero PONE EN DUDA que sea yo el autor, luego DESVARÍA acerca de mis intenciones para terminar diciendo que no me perdona, como si yo hubiese pedido en algún momento su perdón o el mismo me importara un carajo.

***

En el libro de Fontana [’La piel del otro - la novela de Héctor Amodio Pérez’], página 179, línea 15 dice “cuando nosotros –él y Mujica– estábamos planteando adentro de la cárcel la necesidad de que el Ñato [Fernández Hudobro], Marenales, el Bebe [Sendic], retomaran la Dirección, porque hacíamos un balance totalmente contrario de cómo era lo que estaba en marcha” y en la 184, línea 18, abunda en lo mismo.

Yo digo que ESA MANIOBRA EMPEZÓ ANTES DE ‘EL ABUSO’, que mientras unos, Zabalza incluido, trabajábamos para la fuga, SENDIC Y EL ÑATO YA CONSPIRABAN. ¿Es cierto o no?

Aclarando lo del acuerdo: la OCOA, como tantas otras “oficinas” que se crearon, no existió nunca ni valió para nada, ni coordinó nunca nada ni podía hacerlo. Las FFAA nos corrieron a ponchazos porque el MLN se había convertido en una pandilla Esto, que parece una exageración, es la pura verdad.

Yo nunca creí que “solito” fuera a salvar al MLN. La prueba está en los múltiples planteos que ya desde finales de 1971 venía realizando, y que me llevaron a renunciar al Comando General de Montevideo porque se decidió llevar adelante el plan Collar para el que no estábamos capacitados .El plan se puso en marcha y acabó como yo había vaticinado.

El problema de Sendic (que según Mujica pensaba con veinte años de adelanto), del Ñato, (que según Mujica sintetizaba de manera genial las ideas de Sendic) y de Marenales, encargado de ponerlas en práctica, es que nunca entendieron que sin una organización capaz de llevarlas adelante, las ideas no son más que eso, simples ideas

El Bebe era un manantial de ideas. No tenía a su cargo ni grupos de acción ni de servicios, ni nada de nada. SE DEDICABA A “IDEAR”, y algunas veces sus ideas fue posible ponerlas en práctica y otras no.

Pero fuimos otros los que las pusimos en práctica: Manera, en los inicios y yo, con la ayuda de Mansilla, entre 1968 y 1970. Cuando Sendic no tuvo a su lado nadie que lo controlara, fue como Atila (incumplimiento de las condiciones del plan Satán, la caída de Almería, el plan Tatú, ecetegá, ecetegá, que dicen los franceses.

En 1972, la OCOA era un número de teléfono atendido por un soldado que a gatas sabía escribir y que anotaba en unos cuadernos los datos que le llegaban de las reparticiones militares de todo el país. Cuando el gobierno de Pacheco, con el apoyo de Wilson Ferreira, decreta el Estado de Guerra y las FFAA se hacen cargo de la represión, lo hacen sin tener la más mínima idea de quiénes éramos ni qué queríamos y creían que el MLN tenía una fuerza considerable. Hoy sabemos que el desconocimiento era mutuo

Actuaban por iniciativa de cada unidad, de manera anárquica, lo que provocó que los mismos locales fueran allanados varias veces por unidades distintas, provocándose enfrentamientos entre ellos, incluso con resultado de muerte, y que se les diera a algunos detenidos unas soberanas palizas para descubrir el paradero de un tipo que llevaba semanas detenido. Todos querían ganar su propia batallita.

El que se dio cuenta de que ese funcionamiento había que cambiarlo FUE MÉNDEZ, quien creyó que nosotros seríamos capaces de descifrar el galimatías que significaba el aluvión de datos que llegaban a diario.

Al tercer o cuarto día nos dimos cuenta de que sería imposible, pero “aguantamos” nuestras conclusiones para justificar el acuerdo, pero a los quince días se paró todo, se olvidó la OCOA y el SID trató de coordinar, y tampoco lo consiguió, porque para hacerlo habría que haber paralizado las operaciones militares un cierto tiempo, decisión que nadie se atrevió a tomar.

El mismo Cristi se montó su operativo a la búsqueda de un túnel para evitar una supuesta fuga que se estaba gestando desde Punta Carretas, que resultó ser el nunca iniciado Gallo 1, dando lugar a una de las situaciones más absurdas y que espero algún día dar a conocer.

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