Posverdad

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18.Ene.17 :: Noticias

Ejemplos de posverdad en los ataques a Libia y Siria: los terroristas son malos, pero tenemos que apoyarlos porque Gaddafi y Assad son peores



Este es un tiempo de post. Es decir un tiempo donde hemos supuestamente, o realmente, superado ciertas categorías históricas. El resumen de todos los post es en la actualidad la posverdad. Estamos más allá de la verdad.

El Diccionario Oxford la definió “posverdad como la palabra del año, como expresión principalmente del intento de explicar tanto el resultado del “Brexit” (la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea en un plebiscito) como el triunfo de Donald Trump en las elecciones norteamericanas. En ambos casos destrozando todos los pronósticos y las posiciones ampliamente mayoritarias de las elites locales.

Se trata de un neologismo, el post-truth o la posverdad, que es una palabra bastante ambigua, que el diccionario define: “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.

Las dos post verdades que se definieron este año han superado todas las expectativas racionales y expresan también la incapacidad de las clases dirigentes de los EEUU y de Gran Bretaña de interpretar los sentimientos profundos de sus sociedades. Esos sectores de élite contaron con el apoyo irrestricto de los principales medios de comunicación, en particular en sus editoriales y opiniones ampliamente mayoritarias. De todas maneras perdieron.

Es el predominio de las emociones, de las creencias y de las supersticiones por encima de la razón y la racionalidad política. Otro ejemplo es el referéndum en Colombia donde fue derrotado el tratado de paz firmado entre el gobierno y las FARC luego de años de negociaciones y más de medio siglo de la guerra más larga del mundo. En todos los casos lo emocional superó ampliamente lo racional.

Y se sabe, la verdad, aunque relativa, radica precisamente en la racionalidad.

La posverdad a partir de una clara influencia orwelliana (’1984′), reconoce un vacío que se coloca entre la verdad revelada y la verdad sentida. Fue ‘The Economist’ el que anticipaba el posible resultado de las elecciones norteamericanas al afirmar que “Donald Trump es el máximo exponente de la política ‘posverdad’, (…) una confianza en afirmaciones que se ’sienten verdad’ pero no se apoyan en la realidad”. En realidad Trump no hacía más que aplicar las lecciones aprendidas de sus maestrosd Obama, Bush, Clinton, Reagan, etc.

El uso del concepto tuvo un auge a partir de que el sociólogo norteamericano Ralph Keyes publicó en 2004 su libro ‘The Post-Truth Era’. Mientras que el también norteamericano Eric Alterman fue el que lanzó la idea de un valor político de la posverdad, poniendo como ejemplo la manipulación que ejerció el gobierno Bush a raíz del trauma del 11 de setiembre, precisamente porque una sociedad en situación de psicosis resulta mucho más sensible y fértil a la inoculación de posverdades. Más aún cuando se trataba de restringir libertades y de emprender iniciativas militares, empezando por la posverdad de las armas de destrucción masiva en Irak.

Lo cierto es que la paternidad escrita del concepto corresponde a un ensayo de 1992 del escritor serbio-estadounidense Steve Tesich cuando escribió sobre el escándalo Irán-Contra y la Guerra del Golfo Pérsico, donde se impusieron la lógica emotiva y moralista por encima de los hechos objetivos para justificar ambos litigios. Y citamos al Times: “Nosotros, como pueblo libre, hemos libremente decidido que queremos vivir en una suerte de mundo post-truth”.

El concepto, en su sentido más profundo, es el predominio de un relato de noticias transformadas en emociones por encima de la política informativa tradicional y de la racionalidad y tiene notorios antecedentes históricos. Y si no, vean los ejemplos de posverdad en los ataques a Libia y Siria: los terroristas son malos, pero tenemos que apoyarlos porque Gaddafi y Assad son peores. O la derrota de Hillary CLinton: no perdió por lanzar golpes de estado, como en Honduras o Ucrania, guerras y asesinatos a mansalva, ni por ser el paraguas de Wall Street, si no por los supuestos hackeos rusos.

La emergencia de la posverdad en diversas sociedades, que ya no llamamos más posmodernas, es un salto de calidad del proceso de pérdida de referencias ideales e incluso culturales y en los próximos años asistiremos a su emergencia en diversas latitudes. Lo que está claro es que en todos los casos son situaciones latentes en las sociedades que son utilizadas por determinados sectores políticos o del poder para sus intereses. La posverdad no se hubiera puesto de moda sin Trumph, sin los impulsores del Brexit, sin Uribe en Colombia y sin las fuerzas más conservadoras que se mueven en Europa, que obligan al establishment a justificarse de alguna manera.

No es una novedad, hubo en la historia momentos críticos, donde los espacios tradicionales y racionales se vaciaron y fueron aprovechados para la emergencia de movimientos que privilegiaron la emocionalidad, para generar otras “verdades” raciales o nacionales feroces, como el fascismo y el nazismo. En general la posverdad necesita enemigos claros y bien definidos que expresen todos los males que preocupan a esas masas sociales: los terroristas [siempre que no nos favorezcan, como los talibanes “luchadores por la libertad”], los extranjeros, los refugiados, los judíos, los musulmanes, los mexicanos, los diferentes, la Unión Europea, Wall Street, etc. Nunca se trató de la emergencia de esas masas alcanzando el poder, al contrario.

Joseph Goebbels, que ocupó el cargo de ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich entre 1933 y 1945 afirmó: “No sería imposible probar que con suficiente repetición y un entendimiento psicológico de la gente que nos concierne, que un cuadrado es en realidad un círculo. Son solamente palabras, y las palabras pueden moldearse hasta que encubran las ideas y engañen” Esto sucedía hace 80 años.

En pleno 2016 durante su campaña, Donald Trump declaró que Barak Obama fue el fundador de ISIS. Todos los medios salieron a atacarlo por mentiroso. Pero al filtrarse la grabación de una conversación del canciller John Kerry con “opositores” sirios, se comprobó que esa afirmación era verdadera (hay muchas otras pruebas). No importa, la filtración la leyó muy poca gente, lo que queda es que Trump miente. Al fin y al cabo lo cuadrado está redondo.

Por otro lado la posverdad puede tentar a algunos a considerar que el sentido crítico permanente y la búsqueda de superar los niveles de conocimiento y de “verdades” están en la base del concepto. Falso, la posverdad es la entronización de las peores emociones, las más irracionales por encima de la razón.

En su novela 1984 George Orwell describió un mundo en el cual se modificaban totalmente los registros históricos concretos y diarios para adaptarlos a los objetivos propagandísticos, aunque el escritor inglés se equivocó al adjudicar esa responsabilidad a la URSS. Los soviéticos eran niños de pecho comparados con las manipulaciones informativas de Occidente.

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