‘In memoriam’. Osvaldo Bayer

29.Dic.18    Noticias
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Conocía a Osvaldo siendo lector de Los Vengadores de la Patagonia trágica. Y en 1975, estando yo trabajando en una editorial que empezaba a conocer las amenazas de los “comandos restauradores”, vi que, por las condenas de muerte para los de las listas negras de la Triple A, Osvaldo, como muchos otros, optaban por el exilio.


Peculiar el de Osvaldo, reencontrándose con sus raíces teutonas, instalándose precisamente en la tierra de sus padres.

Poco después, por la prensa anarquista me enteré de un largo reportaje de la revista inglesa Freedom a Osvaldo. Allí, en inglés, obviamente, Osvaldo narra su encuentro con Che Guevara. 1960. Momento que se vivió como eclosión revolucionaria. Junto con otros argentinos y argentinas –esto no es política de inclusión de género− participó de una visita no turística a Cuba cuyo objetivo principal era conocer al compatriota.

Osvaldo cuenta el embeleso de todas o casi todas las visitantes ante la gallarda figura. Que todos esperan ansiosamente hasta que hace su ingreso a la sala donde la delegación argentina espera. Osvaldo cuenta que el Che no se sienta, al contrario deambula entre mesas y sillas y plantea el qué hacer. Hay que armarse para luchar; cuando dos o tres se decidan, se trata de sorprender a un policía en la calle, inmovilizarlo y arrebatarle el arma. Una vez, dos veces. Teniendo ya un par de pistolas, el núcleo revolucionario se puede plantear copar un pequeño destacamento, de uno o dos policías. Y así, progresivamente, a medida que el grupo se nutra con nuevos ingresos y más armas arrebatadas, se podrán encarar objetivos mayores y más difíciles, hasta estar en condiciones de enfrentar a militares…

Entonces, en el medio del silencio arrobado, sobre todo de las mujeres, Osvaldo ensaya una pregunta, la pregunta típica de un país futbolero; ¿Y los contrarios, no juegan? Osvaldo cuenta que desde su altura, el Che lo miró y le contestó displicente: −son todos mercenarios. Con lo cual cerró el debate. Que nunca tuvo lugar. Porque recordaba que fue la única pregunta del encuentro. El reportaje de Freedom fue de 1979.

En 1993, Osvaldo inaugura la primera cátedra (libre) de derechos humanos en las universidades argentinas. Un mojón histórico.

Luego sufrió la “degradación” que le impusiera Hebe de Bonafini retirando su nombre del café de Madres de Plaza de Mayo y después se tuvo que retirar, en un mar de hostilidad, de la Universidad de la misma organización.

En la lista extensísima de tomas de posición que tuvo Osvaldo, siempre del lado de los perseguidos, recuerdo una particularmente, enfrentando con mucha valentía los sentimientos patrios de argentinos y chilenos: reivindicar el territorio patagónico cis- y trasandino para los mapuches.

Se solidarizó, como con tantos antes, con un perseguido desaparecido en democracia: Santiago Maldonado, lo cual habla de su enorme compromiso.

Su hijo Esteban a la hora de su muerte lo presenta tal cual vivía y estaba en el último tiempo, con la bonhomía y los proyectos de siempre, y sus cuentas pendientes, como dice su hijo, para debatir con di Giovanni o el Gallego Soto o Wilkens…